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4 de febrero de 2026

La escasez de livianos reordena los precios

La escasez de hacienda liviana empuja los precios y expone un problema estructural de la carne argentina: menos stock, menos previsibilidad y un mercado cada vez más tensionado.

En diálogo con Carlos Misuraca conversó con Sergio Pedace, referente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CAMyA), sobre la situación actual de la industria frigorífica y los movimientos que se observan en los mercados ganaderos.

La falta de hacienda liviana se convirtió en un factor determinante para la mejora de los valores. El mercado muestra una oferta limitada de novillitos y vaquillonas, categorías clave para el consumo interno y para el normal funcionamiento de la industria. Esta escasez no responde a un fenómeno pasajero, sino a un problema profundo que se arrastra desde hace años.



La industria cárnica argentina enfrenta una marcada crisis de capitalización. El sector perdió capacidad de inversión y hoy opera con fuertes restricciones financieras, lo que condiciona cualquier estrategia de mediano y largo plazo. La raíz del problema se encuentra en un prolongado proceso de desinversión que derivó en la pérdida de cerca de 12 millones de cabezas de ganado en las últimas dos décadas.

Las políticas de intervención sobre los mercados y los reiterados cierres de exportaciones dejaron huellas profundas. Argentina redujo su stock mientras su población continuó creciendo, generando un desequilibrio cada vez más visible entre oferta y demanda. El contraste con países vecinos resulta contundente: Brasil logró expandir su rodeo a un ritmo muy superior, consolidando una ventaja competitiva difícil de revertir.

La menor cantidad de animales disponibles impacta directamente en la estructura del negocio. La ausencia de las denominadas “fábricas de carne” rompe los esquemas tradicionales de abastecimiento y altera la estacionalidad de los precios, que históricamente brindaba previsibilidad al productor y a la industria.

Este nuevo escenario obliga a una recomposición acelerada de los valores desde el inicio del ciclo productivo. Con menos hacienda y mayor presión sobre la oferta, el mercado reacciona con subas que reflejan no solo la coyuntura, sino también las consecuencias acumuladas de años de decisiones que redujeron el potencial ganadero del país.



 

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