30 de enero de 2026
El girasol vuelve a jugar en primera

Con más genética, tecnología y decisiones estratégicas, el cultivo deja atrás su rol secundario y se consolida como una alternativa rentable, con el aceite como eje central del negocio.
El girasol atraviesa una etapa de fuerte reconversión productiva en la Argentina. Así lo expresó Franco Grosso, de Agricultores Federados Argentinos, en diálogo con Carlos Misuraca durante la realización de AFA Campo, el encuentro que se llevó a cabo el último miércoles en San Martín de las Escobas y que reunió a productores, técnicos y referentes del sector.
El cultivo dejó de ser una opción pensada solo para ambientes marginales. Hoy, el productor incorpora girasol en lotes de buena calidad y lo maneja con un paquete tecnológico cada vez más sofisticado. La fertilización, el control de malezas y la sanidad pasaron a ocupar un lugar central, con niveles de inversión similares a los de la soja.
En ese proceso, los eventos a campo ganaron un valor estratégico. Jornadas como AFA Campo permiten observar los materiales en condiciones reales y comparar comportamientos directamente en el lote. El productor ya no se conforma con una recomendación técnica aislada, sino que busca ver resultados concretos antes de tomar decisiones.
El perfil del girasolero también cambió. El productor actual es más activo en la búsqueda de información y prioriza el conocimiento como herramienta para reducir errores y mejorar resultados. Esa actitud se refleja en un mayor interés por la genética y por entender cómo interactúa cada híbrido con el ambiente.
La estrategia productiva, además, muestra un giro claro. Los ciclos cortos, utilizados históricamente para liberar rápido el lote y pensar en un segundo cultivo, ceden terreno frente a ciclos intermedios y largos. El objetivo es claro: potenciar el contenido de aceite, que hoy se consolidó como la variable genética más determinante para la rentabilidad.
El aceite se transformó en el verdadero motor económico del girasol. Más allá del rinde en kilos, el mercado premia la calidad y el porcentaje de aceite, lo que obliga a repensar fechas de siembra, elección de materiales y manejo del cultivo durante todo el ciclo.
Las condiciones ambientales siguen jugando un papel clave. Factores como el clima durante la floración y la polinización continúan generando variabilidad en los resultados. Sin embargo, el avance genético permite amortiguar esos riesgos y abre una expectativa positiva hacia adelante.
Desde AFA destacan que el potencial del cultivo todavía no está agotado. La mejora genética, especialmente enfocada en aceite, indica que el girasol aún tiene margen para seguir creciendo y ganar protagonismo en los planteos agrícolas.
En ese escenario, el cultivo se reposiciona como una alternativa sólida dentro de las rotaciones. Con más información, más tecnología y decisiones cada vez más finas, el girasol vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del productor argentino.
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